¿Te acuerdas como disfrutábamos escuchando esto?
Y tenía que pasar… meses de angustia, esperanza, tristeza, alegrías, cuestionamientos y certezas. Un 19 de julio de 2004 dejaste de guiarnos y acompañarnos. Dejaste de escucharme y responderme. De reírte de mis chistes y analizar nuestras ideas y diferencias. Es que siendo tan disímiles éramos tan idénticos. Tu partida fue como perder un órgano, nunca las cosas serían igual. Yo en el mundo sin mi mejor amigo, sin el único capaz de entenderme hasta en lo más mínimo, sin el padre.
Cuando te despedimos no solté gota alguna de llanto. Estaba tranquilo, cierto en la vida eterna que bien ganada tenías. Cierto en que te vería nuevamente. Hoy, 4 años después, con la misma tranquilidad, saco cuentas… ¡Ya son 4 años menos para verte!
Hay gente que piensa que heredé tus defectos y no las virtudes. Día a día me estoy esmerando en demostrar lo contrario. Te pido que desde el cielo sigas marcando mi sendero, ayudándome a sortear las desgracias con la frente en alto y con la verdad por sobre todas las cosas, y tomar los momentos felices y triunfos con humildad. Como tú hacías y como yo aún no he aprendido del todo.
Durante tu ausencia han pasado cosas maravillosas y tristes. Los has presenciado cada uno de ellos. Lamento no haber estado a la altura en los momentos complejos. También agradezco las herramientas que me diste en la vida para desenvolverme. Te sentirás orgulloso de mis logros, tardíos pero grandes. Como siempre esperaste de mí. Lamento no haberte dado un nieto. Si hubieses conocido al hijo que casi tuve hubieses sido feliz. Si hubieses conocido a su madre, habrías dicho que me saqué el loto.
Ruégale a Dios que me ayude en eso también.
Papá, te quiero.
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Que bellos sentimientos y grande ...
Que bellos sentimientos y grande tu generosidad al compartirlos, me alegra muchisimo que hayas tenido la fortuna de disfrutar de tan noble amigo, de conocer el valor de ese gran compañero. Estoy cierta que heredaste lo que pudiste aprender de tu caminar con él, sacando de eso lo mejor, dichoso aquel que comprende que la muerte no es otra cosa que el cambio de estado, puesto que en si, jamás es, en el corazón lleno de amor y recuerdos tan profundos, la vida es simplemente en los sentimientos de quien los lleva.
afectuosamente,
Florencia