sobretodo cuando se trata de experiencias analogables y no son las piernas de la niña que pasó cuando vas de la mano con la polola.
La crisis energética que enfrenta nuestro país, tiene su origen en una pésima planificación de la llamada "matriz energética", puntualmente una apuesta altísima a las plantas generadoras de ciclo combinado que utilizan gas natural. Si a esto adicionamos un curioso mecanismo para establecer el precio nudo, un mercado cerrado, un letargo de la autoridad para otorgar permisos, el lobby de cientos de grupos de interés (sus intereses, no que haya disponibilidad de corriente barata) que impiden siquiera discutir algunas alternativas, y una visión cortoplacista en extremo (como que ahora estamos incentivando las centrales de carbón y otras altamente contaminantes), el panorama actual encuentra su explicación.
Una vez más el Estado, y me refiero al conjunto de actores que debieran intervenir en el asunto, no han estado a la altura del problema planteado, dando palos de ciego a un problema grave y urgente. La desidia a llegado a tal extremo que las medidas anunciadas de racionamiento fueron tardías así como el reconocimiento de la crisis.
Los empresarios no han buscado salidas alternativas, insistiendo en centrales hidroeléctricas tanto de pasada como embalses, que están sujetas a variaciones en su desempeño dependiendo de la pluviometría y reservas acumuladas.
El Gobierno ha declarado inviable la alternativa atómica apostando a importar más gas, de latitudes lejanas más lejanas y ya no natural sino licuado, en un intento inútil de justificar la inversión anterior que pusiera todos los huevos en la misma canasta.
La ciudadanía, por su parte, parece no comprender el dilema que se le presenta a un país que crece a tasas del 5% y cuyo consumo energético lo hace en el orden del 7-8%. Se requiere un cambio de switch, no solo de ampolletas incandescentes por "económicas". Debemos racionalizar el consumo per cápita cambiando nuestras costumbres.
Frente a esta disyuntiva, el ejemplo del estado de California, la sexta economía más grande del mundo por si sola, debiera hacernos reflexionar. Gobernado por demócratas y republicanos, estos últimos 30 años ha impuesto normas ambientales que son ejemplo para todo el mundo, tanto por su racionalidad como por sus resultados.
La política energética de California descansa en varios pilares fundamentales. Entre los más notables encontramos el establecimiento de índices y metas ambiciosas pero alcanzables, diversificación de las fuentes de energía, sin descartar apriorísiticamente ninguna, la creación de un mercado de bonos transables de emisión de gases invernadero y subsidios e incentivos para empresas y consumidores.
Los resultados están a la vista.
Continuará...



















baya redujo bastante el consumo y comparar con su mis estados unidos que forma parte
bueno espero leer la continuacion de este articulo
para formarme una opnion bueno dejo mis saludos y que estes bien chauz